IES LOPE DE VEGA


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El rudo Nelones

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El rudo Nelones, a pesar de sus sesenta años muy corridos, bajaba con relativa frecuencia y con la sola compañía de su alto palo de avellano a la capital del partido judicial, sin que flaquearan sus piernas, ni se agitaran sus pulmones, ni trasudara su epidermis, ni cesara de chupar el humo maloliente de su pipa de yeso, al subir y al bajar las enhiestas pendientes que en un trayecto quebradísimo de quince kilómetros separan aquella villa del apartado y pequeño barrio donde el anciano habitaba.Sus viajes tenían por principal finalidad consultar con abogados y curiales las incidencias de las mil querellas en que se vio envuelto durante su existencia, motivadas tanto por la entereza de su carácter indomable, cuanto por la malquerencia de sus vecinos, a quienes ofendían la rectitud de sus procederes, la valentía de sus convicciones, la crudeza de sus verdades, la ironía de sus diatribas, la acometividad de sus impulsos y, sobre todo, la proverbial fortaleza de sus brazos, que, aunque ya en decadencia, tenían a retaguardia los menos vigorosos de sus numerosos hijos.Pero además de las exigencias de sus pleitos, las excursiones al llano tenían para Nelones el singular aliciente de poder echar un largo párrafo con un caballero ilustre por muchos conceptos, paladín esforzado del legitimismo, a cuyas órdenes el anciano pasiego había expuesto su vida en más de una ocasión.Los dos veteranos conversaban largos ratos sin que fuera obstáculo al interés del diálogo la vastísima cultura, la refinada educación y el esclarecido talento del señor, ni la tosquedad ingenua del vaquero.Y escuchando yo –ya ha llovido desde entonces- uno de estos diálogos, averigüé el hecho que quiero narrar en estas cuartillas, porque, a mi juicio, pone de relieve alguna faceta del carácter de esta raza independiente , recia y brava que puebla el nacimiento y las cuencas altas de los ríos Pas, Miera y Pisueña.Y es el caso que, según colegí de aquella conversación , Nelones tuvo en tiempos pasados , en la villa pasiega de su naturaleza, un enemigo formidable por su poder, pues ejercía la indiscutida soberanía de aquel municipio, constituido en cantón autónomo, sin que jamás se hubiera logrado, por las vías legales, que ningún entuerto de las autoridades gubernativas de la villa llegase a enderezarse por las superiores de la provincia. Estas ponían siempre exquisito cuidado en no desagradar al reyezuelo pasiego, no fuera que tomase represalias en las primeras elecciones, disponiendo del Censo en sentido contrario a los intereses políticos propugnados por los poncios principales. Pues con este hombre sostuvo Nelones una guerra desigual e interrumpida de treinta años que causó a éste muchos disgustos y no pocos quebraderos de cabeza, aunque no tantos ni tan graves como los que pudiera haberla proporcionado el poderoso cacique.En honor de la verdad, hay que decir que la actuación de éste no revistió nunca los caracteres de dureza y odiosidad de otros casos semejantes. Su hegemonía, salvo contadas excepciones, tuvo algo de patriarcado y algo de señorío, y en sus luchas con Nelones, aunque no le afectaran personalmente, produciéndose el choque en el que el veterano llevaba siempre las de perder. Esta batalla culminó con motivo de haber entrado en quintas en el mismo aislamiento un hijo de Nelones y un hijo del cacique, empeñados ambos en librar del servicio militar a sus respectivos herederos, por efecto de esa inclinación que tienen los pasiegos a eximirse de la conscripción militar, y no porque les falte el patriotismo, sino por horror a la severa disciplina de los cuarteles tan en desacuerdo con la independencia y el amor a la libertad que engendra en los moradores de Pas su costumbre de respirar el aire puro, de escalar todos los días las crestas de sus montes elevados y de dominar con su mirada los estrechos valles surcados por las corrientes de agua que tienen su nacimiento al pie de aquellos. Empeñados Nelones y su adversario en su descomunal batalla, agotaron todos los recursos y procedimientos a su alcance ante las autoridades municipales y llevaron, por fin, el pleno a la Diputación Provincial, ante la cual comparecieron ambos contendientes el día señalado para el llamado juicio de exenciones.Parece que el cacique pasiego, prevalido de su grande influencia, dio con una fórmula de concordia , cuyo resultado desfavorecía por igual a su hijo y al de Nelones, y deseoso de terminar una guerra que amenazaba durar más que sus propias vidas, se acercó a Nelones diciéndole, poco más o menos, estas palabras: “Hombre, Nelo, esta contienda nuestra tiene arreglo; los dos podemos quedar contentos y nuestros libres del servicio. Acaben con ello nuestras luchas, y para sellar la paz, echa esa mano”...Haciendo al mismo tiempo ademán de estrechar con su diestra la de Nelones.Pero éste, un tanto sorprendido y un mucho receloso de la actitud del enemigo de siempre, dio un paso atrás y contestó:-Ve caralló, hom, que la manu miya no es pa puesta con la tuya.Y remató su réplica con una palabra tan energética como malsonante, parecida a aquella que la historia conoce por “le mot de Cambronne”, y que supone pronunciada por el jefe de la Guardia de Napoleón al ser intimidado por Blücher para que se rindiera en Waterloo.José Joaquín Mazorra “El diario Montañés”, 28-7-1933El trabajo ha sido realizado por Noemí Sainz y Alejandro Alonso.


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