El viento es una masa de aire en movimiento; esta masa de aire posee energía mecánica que es proporcional a su velocidad y puede ser aprovechada en muchas aplicaciones y es lo que denominamos energía eólica. Sus primeras aplicaciones fueron las velas de los barcos, de las que se tiene noticias en el año 5.000 a.C. en Egipto y Mesopotamia. Los molinos de viento son otra aplicación clásica, datan de unos 2.000 años y se empleaban para producir sonidos; posteriormente se usan para moler grano, los primeros que se fabricaron tenían el eje vertical. Otro dispositivo que funciona gracias a la energía eólica son las aerobombas para elevar la presión del agua usando energía del viento.

La energía eólica en
la producción de electricidad
A diferencia de las otras aplicaciones citadas el uso del viento para producir electricidad es más reciente, las primeras experiencias datan del final del siglo XIX; Charles F. Brush construyó en Estados Unidos durante 1880 una turbina eólica de 12 kW para producir electricidad en corriente continua; esta energía se almacenaba en 12 baterías.

En Europa el precursor de la eólica fue el danés Paul La Cour
que a partir de turbinas eólicas provocaba electrolisis para circuitos
eléctricos a principios del siglo XX; durante las primeras décadas
de este siglo Dinamarca conservó la tradición eólica
e incluso hoy es el cuarto país del mundo en potencia instalada y el
primero por número de habitantes. En la mitad del siglo XX un holandés,
Johannes Jull introduce dos variaciones importantes, modifica los generadores
para producir electricidad en corriente alterna y además diseña
un aerogenerador que cambiaba la orientación en función de la
dirección del viento para aprovechar con más intensidad la energía
de éste.
INCREMENTOS
El incremento de la potencia de origen eólico en la red eléctrica en España está aumentando de manera notable. España ocupa el segundo puesto mundial en energía eólica, detrás de la inalcanzable Alemania.